Por Johann Bonilla (*)

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La producción en barro tiene una rica tradición en Centroamérica, que se remonta al período precolombino. Las comunidades autóctonas producían piezas principalmente con fines utilitarios, ceremoniales u ornamentales; incorporando diversos motivos como formas de la naturaleza y representaciones de su cosmogonía, todo lo cual conformaba una iconografía compleja y diversa.
Esto, el artista nica-estadounidense Joel Gaitán (Miami, 1995) lo ha integrado muy bien, trasladándolo al plano contemporáneo. Gaitán nació y creció en esa ciudad, y a su vez, es hijo de padres nicaragüenses, quienes le inculcaron la conexión con este país: elemento que no pasa desapercibido en su obra.
Como sus antepasados, ha escogido el modelado manual del barro como materia de expresión, creando esculturas e instalaciones que combinan humor, vida cotidiana, identidad y devoción; y que a menudo se mueven entre lo terrenal y lo sobrenatural.
Gaitán posee un título en arte por el Miami Dade College. Sus muestras individuales recientes incluyen presentaciones con la galería The Pit en Los Ángeles y Nueva York, la sección Focus de The Armory Show y comisiones de arte público con Art Production Fund en Frieze Los Ángeles y Rockefeller Center. Ha expuesto ampliamente en museos e instituciones como el NSU Art Museum, el Museo del Barrio y el Nasher Museum of Art. Su trabajo se ha presentado a nivel internacional en París y en distintas ciudades de Estados Unidos. Es beneficiario del Latinx Artist Fellowship y su obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas.
El pasado 11 de diciembre, la galería Lefebvre & Fils (24, rue du Bac, París) inauguró la primera exposición del artista en Francia, resultado de una residencia que él realizó dentro del programa “The Residency”, que la galería impulsa en su espacio de Versalles. La exposición estará disponible hasta el 25 de enero.




Tuvimos la ocasión de realizar esta entrevista al artista en el marco de dicho proyecto.
JB: Joel, ¿Cómo empezaste a experimentar con el barro?
JG: — Yo pintaba… y quería pintar de manera realista, pero no lograba entender del todo cómo hacer que un objeto se viera tridimensional sobre una superficie plana. En lugar de eso, empecé a incorporar técnicas mixtas y objetos encontrados sobre el lienzo.
Y siempre me han encantado las culturas originarias latinoamericanas. Al crecer en Miami, donde hay tantos latinoamericanos de todas partes, me di cuenta de que compartimos muchísimas similitudes, aunque también somos muy diferentes. Con el tiempo, empecé a trabajar con el barro, porque estaba estudiando la cultura mesoamericana. Entonces, comencé a hacer réplicas de piezas de Nicaragua, y también de otras regiones de Latinoamérica; ya ves que los objetos de estas culturas suelen ser bastante grandes.
Luego, hice un taller de cerámica negra en la cooperativa San Expedito, de la comunidad Las Cureñas, departamento de Jinotega, y cada vez que voy a Nicaragua, tomo clases libres en el taller de Valentín López, en San Juan de Oriente, departamento de Masaya (ambos pueblos nicaragüenses se destacan por ser productores ancestrales del barro).
JB: Hay una hibridación de elementos pop, la iconografía contemporánea, el humor, la sexualidad,; junto con motivos de la cerámica chorotega y lo precolombino en general: ¿En qué consiste ese ejercicio? ¿qué querés expresar a través de tus obras?
JG: — Mi trabajo ha evolucionado a lo largo de los años, hasta convertirse en una exploración de la historia mesoamericana y de nuestra identidad, mezclada con elementos contemporáneos. Y también, como una crítica a las colecciones de los museos: gran parte del arte que está en estos museos fue robado. Existe una historia horrible detrás de cómo estas piezas llegaron allí. También es un cuestionamiento a los antropólogos, arqueólogos y “descubridores”: me gusta burlarme de la idea de los “expertos” que robaron estas piezas y luego decidieron su significado, afirmando que algo servía para una ceremonia específica, sin saberlo realmente. La gente de afuera destruyó gran parte de nuestra historia y luego la reescribió a su manera.
Por otro lado, hay un aspecto muy espiritual en mi obra. Yo crecí en el pentecostalismo, y cargo esa memoria y esa creencia conmigo. Muchas de mis piezas tienen nombres bíblicos o uso pasajes de la Biblia en mi trabajo. Siento que hay una aportación de energía y que soy simplemente el medio para expresar cosas que conectan con lo espiritual.
Me gusta cómo el barro quema o congela el tiempo. Hacés algo, lo quemás y eso es un capítulo; es una historia de todo lo que estaba pasando alrededor. Es el mismo concepto cuando hago mi trabajo. Es como contar mi propia historia: las emociones, lo que pasa en el mundo, cómo me siento; una historia que se quema o se congela con el tiempo. Miro hacia atrás el trabajo y reconozco particularidades o cosas que me sucedieron.
Por ejemplo, el título de la exposición que está en París, “Sólo quedan los recuerdos”, surge a partir de la muerte de un tío en junio del año pasado. Tuvimos que viajar de urgencia a Nicaragua y, estando allí, toda la familia reunida, empezamos a sacar recuerdos. Y cada vez que ya no quedaba nada más por decir, decíamos: “sólo quedan los recuerdos”.

JB: ° ¿Qué hay del uso del dorado y de las grandes proporciones en tus obras?
JG: — En mi trabajo, el oro es también una representación de mi vida. Al crecer en hogares centroamericanos en Miami, noté que la cultura del oro es algo muy arraigado. Por ejemplo, el usual regalo a la quinceañera de una cadena que en el dije se lee “Quince Años”. Incluso, mi madre vendía oro desde el carro al salir de la iglesia. También me interesa mucho el uso del oro en la boca. Me fijé que aquí en Miami mi padre y otros centroamericanos siempre tenían piezas de oro en sus dentaduras. Y no es por moda, sino por algo muy cultural.
El año pasado visité el Museo del Oro en Bogotá, Colombia, y me fascinó todo lo relacionado con él. Desde entonces, me asocié con la idea de exagerar el oro en mis piezas, tanto en el cuerpo como en la forma de vestir y representarse.
Por lo demás, me gusta fabricar cuerpos grandes. Me encanta mi cuerpo y el cuerpo de todas las personas con quienes yo crecí, y eso me inspira a crear obras de cuerpos grandes y exagerados.
Me gusta vestirme todo exagerado y es algo que represento también con mi trabajo, con las formas, los gestos y los elementos que utilizo.
JB: ° A nivel artístico, ¿quiénes han sido tus referentes?
JG: — Mi trabajo no fue influenciado por artistas, porque yo no sabía mucho al respecto, y no tuve la oportunidad de estudiar arte. También, creo que había un poco de rebeldía, porque cuando vas a la escuela, te enseñan las corrientes del arte europeo, lo que no me llamó la atención.
En realidad, mi mayor influencia ha sido todo con lo que crecí rodeado y lo que entraba a mis sentidos, siendo parte de una comunidad de nicaragüenses radicados en Miami. Y también, de todo lo que retenía de nuestros viajes a Nicaragua: las artesanías, los íconos, las comidas y las costumbres de Nicaragua, que mi familia y vecinos siempre portaron. Los artesanos, las vendedoras. Las figuras de barro. La gente gordita con sus canastas sobre la cabeza.
JB: ° Contanos sobre tu experiencia en la residencia en Lefebvre & Fils, y sobre la exposición “Sólo quedan los recuerdos”
JG: — La residencia fue “life changing”. A Louis Lefebvre (director de Lefebvre & Fils) lo conocía desde el 2020 y ya hablábamos de cuándo la iba a hacer. A él le encanta la cerámica, especialmente en gran formato, y realmente anima a sus artistas a trabajar en grande.
Así que esa residencia fue todo un reto para mí, porque me desafié a crear cosas de gran tamaño, como nunca las había hecho. Y como no estudié cerámica, me han pasado muchas cosas en el horno o durante la construcción, ¡pero esta vez lo logré!
Fue un tiempo difícil y de mucho trabajo, pero ver el resultado final en la exposición fue satisfactorio.
JB: ° Entiendo que es la primera vez que hacés una obra en bronce, ¿no? ¿Qué tal fue esa experiencia?
JG: — ¡Siempre supe que quería hacerlo! Hice un taburete de barro, para luego pasarlo al bronce. Eso fue algo que me estresó, porque hacía mucho frío, ya hacía un mes que había terminado la obra y el barro no se secaba. Y no teníamos tiempo, porque el proceso del bronce se demora alrededor de dos meses y ya me tocaba viajar de regreso a Estados Unidos, así que lo pusimos en el horno, orando… ¡y se explotó! La base sufrió, la pieza tenía una cara muy lograda y todo se rompió. Entonces, llamé en pánico a la mujer de la fundición y ella me dijo: “No te preocupes, aquí todos los trozos de la pieza los volvemos a poner en su sitio y el retoque lo deja como si nada hubiera pasado”. Así que llevamos todos los trozos al taller de fundición y nos instruyeron en cada paso del proceso. ¡y todo funcionó muy bien!
¡Fue súper cool! Me gustaría hacer todo mi trabajo en bronce, aunque sé que es caro.

JB: ° ¿Esperamos más obras tuyas en bronce a partir de esta experimentación?
JG: — Me encantaría. El bronce te da otras posibilidades como material, lo bueno es que podés hacer algo pequeño y ellos te lo escalan a una estatua grande. Aunque el barro tiene sus ventajas. Cada material tiene su particularidad.
JB: ° Tu madre es originaria de Estelí y tu padre de San Juan de la Concepción ¿Cuál es tu método para mantener contacto con Nicaragua?
JG: — Voy a Nicaragua todos los años, y la mayor parte de lo que aprendo proviene de la gente. Pregunto de todo, porque preguntando aprendo mucho. Me encanta ir a museos, librerías, bibliotecas antiguas para encontrar libros abandonados y catálogos. Me encanta conversar con las personas y visitar pueblos como San Juan de Oriente.
JB: ° ¿Qué estás cocinando para este año?
JG: — Aún no lo tengo claro, ¡ya veremos! Por lo pronto, seré parte de Material Prophecies: Craft as Divination, una exposición colectiva en el Armory Center for the Arts, en Pasadena, California, que estará disponible del 20 de febrero al 1 de agosto. Y en paralelo tendré una residencia en New York de febrero a agosto, en el Museum of Arts and Design de New York.
¡Gracias, Joel!
(*) El entrevistador es co-director de la plataforma de arte centroamericano Cubobarro e investigador para el Museum of Central American Art, de Delray Beach, Florida. Actualmente cursa una maestría en estudios curatoriales en la Université Polytechnique Hauts-de-France, en Valenciennes, Francia. Recientemente, integró el equipo de AcÁ París y MAZORCA.






