Por Christina Chirouze Montenegro

Sabrina Castillo Gallusser (Guatemala, 1961) es coreógrafa, artista del movimiento, ensayista e investigadora de procesos creativos. En Guatemala, es pionera de la danza callejera, la somática y los procesos dancísticos comunitarios urbanos. En 1988 fundó la compañía Momentum, uno de los primeros espacios de formación en danza contemporánea, y casi la única compañía independiente del país. Partiendo de la idea de que el cuerpo es un lugar habitado de preguntas, Castillo Gallusser explora el proceso como generador de estructuras para descubrir la obra –en lugar de inventarla o crearla—. Utilizando herramientas de las ciencias naturales, la filosofía y la fenomenología – todas disciplinas que ha estudiado en profundidad – el trabajo de Castillo Gallusser lleva el movimiento a nuevos terrenos donde explora los límites entre las formas colaborativas, la escritura, la visualidad y el performance, dejando un espacio para el juego, el error y el azar.
Desde abril 2026, y hasta finales de junio, Sabrina Castillo está en residencia en la Cité Internationale des Arts de París – una residencia artística para creadores de múltiples disciplinas y nacionalidades, situada en el corazón de la capital francesa. Su proyecto de residencia es un homenaje a su abuela, Georgette Contoux de Castillo, pianista, nacida en París en 1902, formada en el Conservatorio Nacional de Música de París; quien se mudó a Guatemala en 1932 tras su matrimonio con el compositor guatemalteco Ricardo Castillo. Murió en Guatemala años más tarde, sin ya volver a su ciudad natal.
En el corazón de su residencia artística de tres meses en París, y tras haber recibido la Medalla del Senado Francés, entrevistamos a Sabrina Castillo para adentrarnos un poco en su proceso.
Christina Chirouze Montenegro: Sabrina, has venido siguiendo los pasos de Georgette, buscando las huellas que dejó ella en París. Cuéntanos quién fue esa abuela tuya, si la conociste personalmente, si la recuerdas y cómo has sabido de su vida y obra.
Sabrina Castilo Gallusser: Georgette Contoux venía de una familia de músicos franceses. Su tío era un prominente violinista que murió a una edad muy temprana. Ella se graduó con honores del Conservatorio de Música y Declamación de París en la época de Gabriel Fauré y Alfred Cortot. Emigró a Guatemala ya que se había casado, aquí en París, con mi abuelo Ricardo Castillo que era compositor. Georgette llevó a Guatemala, no sólo como maestra sino como concertista, la música de compositores franceses de esa época (algo que no se conocía en ese tiempo por allá). Actualmente en el Conservatorio de Música de Guatemala hay un salón que lleva su nombre y en la sala de conciertos, está la pintura de ella y Ricardo que Efraín Recinos elaboró. Georgette fue la maestra de una generación importante de músicos en Guatemala. Recibió las Palmas Académicas de Francia en dos ocasiones.

CCM: ¿Cómo fue creciendo su imagen en ti?
SCG: Georgette y yo no coincidimos físicamente en este mundo. La conocí a través de fotos y de pequeñas anécdotas familiares. Mi hermana Sandra cuenta orgullosamente, y con foto en mano, que Georgette daba sus clases de piano cargándola a ella. Recuerdo esa foto.
Mi papá, Maurice, hijo de Georgette, murió cuando yo era niña: siempre crecí lamentando no haber compartido más con él; y todo el legado familiar que hubiera podido transmitirme. Ahora me doy cuenta de que, desde que tengo memoria, siempre fui por la vida en búsqueda de esa parte un poco perdida. Con Francia, por ejemplo: tomando clases de francés, haciendo alianzas con instituciones francesas, escogiendo el colegio francés para mis hijos. Y luego directamente con depositarios de su memoria: tomé clases de piano específicamente con una de sus alumnas, con el deseo de escuchar más de sus historias. En los libros de Ana María, mi maestra, pude ver, escritas, las correcciones de mi abuela, sus sugerencias. Con ella también aprendí sobre sus ideas en cuanto a la relación con el piano.
Con el tiempo, mis parientes, sabiendo sobre mi interés, me dieron escritos a mano de ella, un sobre con el testamento de Mathilde (su mamá), fotos de ella en la casa y en conciertos, y del edificio en donde vivió aquí, en París. Mi hermana Sandra ha hecho una investigación exhaustiva, es gracias a ella que tenemos mucha de la información histórica. Antes de venir a Francia también conversé con primas mayores que la habían conocido y con otras alumnas.
Siempre que pregunto sobre Georgette, la gente sonríe y me habla de ella con dulzura y suavidad. Eso me trae alegría y un gran orgullo.
CCM: Me has hablado de un libro que ha marcado tu proceso de investigación: Au Bonheur des Morts – (traducido al español bajo el título “A la Salud de los Muertos” de Vinciane Despret). Me has dicho, incluso, que esa lectura ha sido esencial para estar en el lugar en donde estás actualmente. Cuéntame un poco más.
SCG: En los últimos años, todo esto se fue cocinando como a fuego lento. Empecé a trabajar con Luisa González-Reiche de una manera sistemática alrededor de los procesos creativos usando la palabra y la imagen. Luisa me sugirió, entre muchos otros, el libro de Vinciane Despret. Juntas exploramos nuestras historias con una serie de juegos creativos. Ella con el interés de su abuela y yo, con la mía. Durante años nos hemos juntado, para mezclar historias, escribir, reír, hacer collages. Hemos hablado de cómo los capítulos del libro son casi guías para una investigación: “Dejarse instruir”, “prolongar una obra”, “proteger la voz”, “pensar vacilando”. Estas directrices se fueron volviendo presente y cuerpo. Por ejemplo, siento que me dejé instruir por Georgette al optar por aplicar a París para desarrollar el proyecto.
Cuando el proyecto fue aceptado en la Cité, no solo me dio una gran alegría, también sentí que se hizo evidente la premura de prolongar la obra de mi abuela. Ya estando en la Cité y al contarles a otros artistas – de múltiples disciplinas, de múltiples nacionalidades – sobre ese deseo, encontré en ellos un eco entusiasta: no solo me alentaron a hacerlo, quisieron colaborar con el proyecto. He sentido escalofríos cada vez que alguien acepta ayudarme a regresar/proteger su voz. Yo sé que ella está conmigo, más que nunca.

Cuando vine a la Cité y me di cuenta de que estaba a cinco cuadras del 36 Quai de Béthune, donde ella nació, sentí como si se abriera un espacio sagrado entre las dos.
Te confieso algo: en esta residencia, he sentido que la Cité es el presente – y cada vez que camino hacia su casa, atravesando el rio Sena, girando al tope de la Isla de San Luis a la izquierda hasta llegar a la puerta de su casa, siento que cada paso me regresa al pasado. De nuevo, fue el momento de dejarme instruir y transformé un poco mi proyecto al darle mayor relevancia a investigar ese recorrido – que me pareció más relevante, más personal que centrarme en el Conservatorio.
Por otro lado, me he dado cuenta de que pienso vacilando en las mañanas, después de la multitud de sueños que me han visitado en estos meses y que, sorprendentemente, me han dado algunas respuestas a incógnitas creativas. Han sido casi sueños lúcidos – y en donde el agua está muy presente.
En todo este proceso he ido comprendiendo, un poco, sobre cómo el pasado es presente. Cómo se esconde y cómo lo que se encuentra son pedazos, reflejos que nos gusta minuciosamente colocar o meter en historias imaginadas que, al final, son presente, porque la experiencia de la imaginación es, para el cerebro, lo mismo que lo vivido.
CCM: Sabrina, tu biografía es impresionante. Eres bióloga, has estudiado filosofía, y te has desarrollado en la danza y en la exploración de los procesos creativos en los que el cuerpo y el movimiento cobra un papel esencial. ¿En qué medida sientes que todas estas dimensiones son parte de tu creación actual?
SCG: Para contestarte, habría que empezar por mi infancia: pienso en la casa y la familia en la que crecí como lugares de juego y movimiento. Había fascinación tanto por las ciencias como por el arte. Mis hermanas y yo nos entreteníamos haciendo todo tipo de experimentos. Éramos muy activas, hacíamos mucho deporte y mi mamá siempre nos alentaba a jugar y a movernos.
Mientras fui creciendo fui desarrollando un interés por las artes escénicas. Y mi interés por la danza y el teatro se fue sumando a mi interés por las ciencias naturales. Para mí, tanto en las ciencias como en el arte, lo que se hace es buscar. Es como un apetito por algo que no está siendo visible y que quiero descubrir. Y para encontrarlo, para hacerlo visible, te planteas preguntas, diseñas procesos de búsqueda, observas minuciosamente lo que sucede. Al final, es similar en el proceso, aunque el resultado parezca diametralmente distinto.
Aquí en París me he planteado muchas veces la pregunta: ¿qué no estoy viendo?, ¿qué no estoy pudiendo ver? Porque, como decía una maestra, solo vemos lo que conocemos, you only see what you know. Entonces, en la ciencia y en el arte, debemos quitar velos, des-velar, como diría Martin Heidegger. Para este filósofo, en el arte, se pone en obra la Verdad a través del des-ocultamiento.

Estudié en la Universidad los estudios de pre-grado en biología, luego una maestría relacionada a la microbiología. Más tarde saqué un doctorado en filosofía, lo que siento que me ayudó a ver más claramente esa relación entre las ciencias y el arte. Me siento particularmente cercana de los científicos que escriben sobre la creatividad, como el físico cuántico David Bohm, o Robert P. Crease quien escribió un libro sobre los diez experimentos más bellos. Hice un post-doctorado con una Beca Fullbright para estudiar la experiencia de la imaginación y siento que con ello profundicé en los procesos relacionados a la actividad creativa.
CCM: Esa investigación científica sobre el poder de la imaginación te ha de haber inspirado en la danza.
SCG: Sí, siento que cuando entro al salón de ensayos, lo que hago es experimentar, buscar, probar, fallar, cometer errores, como si fuera un laboratorio expandido donde tienes que observar agudamente para favorecer que nazca algo, tal vez una obra. Al final sólo eres una especie de tránsito para que la obra surja.
En las artes vivas trabajas casi siempre colaborando con otras personas y eso hace que tus ideas se vayan transformando por la presencia de cada una. Me gusta mucho colaborar con otras artistas y ver cómo todo va cambiando y volviéndose algo diferente. Mi experiencia ha sido sobre todo en este tipo de trabajo, pero en los últimos seis años, la práctica de collage y la búsqueda visual me ha traído una especie de consuelo. Mi relación en esto último se ha visto enriquecida por Mena Guerrero y Luisa González-Reiche. Con Mena empecé intercambiando sesiones de somática por sesiones de collage. Con ella pasamos muchas horas moviéndonos y alternando con la búsqueda visual. Más tarde y en los últimos años, ya te he contado, de mis sesiones continuas con Luisa González-Reiche. Cuando hago las prácticas visuales me siento sumamente libre.
CCM: El pasado 3 de Junio, el presidente del Senado de Francia, Gérard Larcher, te entregó una medalla, en ocasión de las Semanas de América latina y el Caribe. Esto fue un acto oficial, en presencia del Sr. Embajador Rubén Nájera, un reconocimiento a tu trabajo en favor de la unión cultural entre Francia y Guatemala. ¿Qué significó ese galardón para ti?
SCG: La Medalla del Senado fue una gran sorpresa. Me sentí realmente emocionada y conmovida cuando me comunicaron sobre ella. Los días anteriores sentí una gran nostalgia y vinieron muchos recuerdos de mi papá y de Georgette. Sentí que Georgette me anclaba a Francia y me hacía ver la importancia de la búsqueda de mis raíces. Estoy realmente agradecida por este gran honor. Parece como si la medalla hiciera palpable ese enlace que siempre me ha mantenido cerca y conectada con Francia. Este reconocimiento me motiva muchísimo a seguir favoreciendo los encuentros con Guatemala y por supuesto a continuar explorando la escena artística de este grandioso país.

CCM: ¿Y luego, Maestra? ¿Qué crees que te va a dejar esta residencia?
SCG: Siento que gracias a esta residencia voy a tener muchos proyectos para continuar y eso me alegra mucho. Esta residencia ha sido como un motor que siento en el abdomen, y que viene con una fuerza profunda. He observado que, en estos meses, mi práctica ha tomado nuevos matices, considero que el entorno de París y la relación continua con artistas de tantas procedencias y estilos me han enriquecido con nuevas ideas, sensaciones y preguntas. Quisiera continuar elaborando algunas otras cartografías que ya no tuve tiempo de desarrollar y me gustaría también presentar, en Guatemala, lo que haré el 17 de junio en mi ‘Atelier ouvert’. Espero también continuar otros proyectos en colaboración con otras artistas que he conocido. Uno de ellos es un proyecto sobre los sueños, con una artista austríaca. He aplicado también a otras residencias para continuar esta investigación y otras que se derivan de ella…

Una versión de esta entrevista fue publicada originalmente en Agencia Ocote. Puedes leerla aquí: Sabrina Castillo: «La experiencia de la imaginación es lo mismo que lo vivido»

